El coaching experiencial para los líderes principales del sistema cliente, es una herramienta complementaria esencial para la implementación exitosa de los métodos de participación creativa para el alto desempeño, a los que estas páginas de Espacio Abierto están fundamentalmente dedicadas.
A través de él establezco relaciones de apoyo y acompañamiento individual que permiten reforzar el liderazgo y llevar hacia adelante el proceso de cambio y transformación organizacional, que emerge como consecuencia de la práctica de los métodos de participación creativa, tales como la tecnología de espacio abierto, el world café y la indagación apreciativa.
Mi dedicación exclusiva al área de la psicología organizacional data desde el año 1991 en adelante. Previamente, desde el año 1981, en que obtuve mi título profesional, incursioné en el área clínica, en el de la rehabilitación de menores con problemas con la justicia y en la de la psicología educacional. Durante todo mi ejercicio profesional siempre ha resultado fundamental, el que creo ha sido el aprendizaje más significativo que pude efectuar durante mi paso por la universidad. Me refiero a las enseñanzas de Carl Rogers, la práctica de la psicoterapia centrada en el cliente y todo el apoyo y asesoramiento recibido de parte de mi profesor, terapeuta y amigo Gabriel Reyes.
Dicho en pocas palabras, en lo que ahora como facilitador y consultor organizacional se refiere, este aprendizaje se traduce esencialmente en mi intento permanente de ofrecer a los clientes con los cuales me relaciono, tres actitudes básicas, que se reconocen como condiciones necesarias y suficientes para que surja un proceso de cambio individual auto propulsado desde adentro:
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Autenticidad: Intento siempre ser quién soy sin fachadas ante el cliente. Transmito toda la información relevante de modo veraz y oportuno. Me esfuerzo por lograr una congruencia entre lo que siento, pienso y digo, al menos durante el tiempo en que nos encontremos en contacto. Asumo desafíos para decir lo que pienso aunque ello no sea tal vez lo políticamente correcto. Pongo al servicio de la relación mis propias percepciones y sentimientos. Estoy siempre abierto para contar mi propia historia al cliente e intento siempre mantener en alto un buen sentido del humor.
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Mirada apreciativa: Significa aceptar la realidad del cliente sin querer cambiarla desde afuera, enfocándose deliberadamente, o poniendo el acento, en aquello que funciona, en lo que está bien y sería deseable que se mantuviera o se ampliara.
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Empatía: Realizo permanentemente un esfuerzo deliberado para ponerme en el lugar del cliente. En mis conversaciones con él, intento reflejar sus percepciones y sentimientos, de modo que pueda profundizar su propia comprensión de la realidad organizacional y personal que me refiere. Evito caer en la tentación de dar consejos o vender soluciones prefabricadas, salvo que él explícitamente me lo solicite. Aún así el foco principal siempre estará puesto en su experiencia directa, tal cual como él la vive y la siente.
A partir de estas tres actitudes he podido comprobar que se consolida la confianza y aumenta la autonomía del cliente para resolver por sí mismo sus propios problemas, evitando así generar dependencia del proceso de consultoría que ambos, por el momento, nos encontramos desarrollando. Para mí significa también el poder aprender continuamente y ganar nuevos y buenos amigos, más que una fría cartera “consolidada” de clientes.
Si bien el coaching puede derivar en un plan sistemático de apoyo individual a lo largo de un buen período de tiempo, fundamentalmente lo utilizo para facilitar y complementar la correcta aplicación de los métodos de participación creativa para el alto desempeño. Esto supone que la fuente primaria de aprendizaje y cambio para el cliente principal, no está en la relación individual con el consultor, sino en la que el mismo cliente establece con toda su organización y en lo que vivencia y se da cuenta a partir de su propia participación en los talleres y espacios de encuentro que dichos métodos propician.
Para facilitar el procesamiento de dicha experiencia, por parte de los líderes de la organización cliente, a través del coaching individual he podido utilizar con éxito, de modo explícito y directo, o como referencia guía de mi acción, los principios y etapas del proceso y la técnica del enfoque corporal o “Focusing”.
El Focusing es una poderosa herramienta de desarrollo y crecimiento personal, que surge en el marco de la psicoterapia experiencial, desarrollada por Eugene Gendlin. Dicho muy brevemente, consiste en un modo de ir hacia adentro, que permite despejar un espacio interno, y tomar contacto con un referente directo o “sensación-sentida” de la experiencia, para que desde allí surjan los significados y las palabras que mejor calcen con lo esencial del “ahora”, y poder así “llevar adelante” todo ese nuevo “experienciar”.
Cuándo los líderes realizan dicho proceso de focalización, respecto a la experiencia vivida en las sesiones de participación creativa, que generalmente involucra a la totalidad de su organización, pueden efectivamente capitalizar los profundos aprendizajes obtenidos a favor de un nuevo liderazgo visionario y transformador.
Este conjunto de actitudes y proceso de focalizar, forman parte esencial de la práctica del coaching experiencial que me esmero en aplicar. Dicha práctica tiene a mí juicio, un tremendo potencial para facilitar el desarrollo de las organizaciones que aprenden, a partir del diálogo y de los procesos auto organizados, que desde adentro hacia afuera, la llevarán hacia el alto desempeño en el mundo actual.

